Niñatos

No soy, ni de lejos, uno de los periodistas que más ha seguido ni más conoce el caso de Marta del Castillo. Casi todo lo que sé es a través del -estupendo- trabajo de mis compañeros que sí han dedicado horas y horas a investigar, pateándose Sevilla de arriba a abajo en busca de testimonios y datos que arrojasen algo de luz sobre el crimen, y sobre los criminales. Hoy, primer día de facto del juicio, me han encargado seguir la declaración de Miguel Carcaño. Era la primera vez que le escuchaba (que le escuchábamos, de hecho) y ha servido para confirmar lo que ya mis compañeros me contaban, dentro y fuera de micros. Es un niñato. Un niñato que ha sabido reírse, como el mejor, de un encorsetado y permisivo sistema judicial que le ampara. Y eso ha quedado en evidencia, hoy en sala, una vez más.

Porque la vista de hoy ha estado dedicada casi íntegramente a repasar -esta vez, con audio y video- las múltiples versiones que este niñato ha dado ante el juez desde que fuera detenido. Que si la mató con un cenicero, que si la mató El Cuco y ambos la violaron, que si no la violó, que si estuvo implicado un tío de Samuel. Hoy ha vuelto a la versión del cenicero. Dice el niñato ahora que la declaración de la doble agresión sexual era puro engaño; una declaración -leída hoy en sala, palabra por palabra- que destaca por la pormenorizada descripción que hace de la agresión y el asesinato. “¿Y todos esos detalles eran una invención suya?”, le preguntan. “Sí”, contesta fríamente. “¿Y por qué se lo inventó?”, inquiere el letrado. “Estaba enfadado con El Cuco porque había implicado a mi hermano. Quería vengarme”. “¿Y por qué luego vuelve a cambiar la declaración?” “Porque en la cárcel me dijeron que así podía evitar que hubiese jurado popular”.

Y punto. Aquí no ha pasado nada. El niñato puede dar todas las versiones que le apetezca, por las razones que le plazcan, a su gusto y capricho. Gastando dinero del contribuyente (Marta está en el río. Vamos al río. Marta está en el vertedero. Vamos al vertedero. Marta está en Camas. Vamos a Camas). Aumentando el sufrimiento de una familia rota. Y vacilando a la opinión pública como quien vacila a otro cani de la pandilla rival, para luego pasearse victoriosos por la Audiencia Provincial de Sevilla, cual Alfombra Roja, a lo Cristiano Ronaldo, mostrando esa pose soberbia y de chicos duros que han ensayado tantas veces frente al espejo del cuarto de baño, sin camiseta, móvil con cámara de 2 megapíxeles en ristre. Sólo que ahora no hay móviles, hay cámaras de TV. Sólo que ahora no necesitan subir la imagen a Tuenti, ya la transmitimos los medios en directo para una audiencia mucho mayor que la de sus perfiles. Señores, tenemos a los niñatos encantados.

Queda mucho proceso por delante (tendremos hasta nuevo presidente del Gobierno electo antes de que acabe el juicio) pero mucho me temo que vamos a tener que escuchar, y aguantar, a unos cuantos niñatos más. Niñatos que han sabido aprovecharse de la debilidad burocrática, de la bajada de pantalones sumarial y del desconcierto general de una sociedad que simplemente no entiende nada. “¿Pero dónde está el cuerpo de Marta?”, le han preguntado hoy de nuevo a Carcaño. “Yo no me llevé el cuerpo. No sé donde está“. “Ni me importa” -le ha faltado añadir-, “sólo quiero saber si al final voy a conseguir salir libre, tal y como sospecho”.

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2 responses to “Niñatos

  • elcetrodeotokar

    Se irán de rositas y seguro que cuando pase un tiempo uno de estos andilucas con piercing aparecerá en alguna tele privada previo pago (os acordáis del Rafita en Tele 5) Pero no creo que falle el sistema judicial, lo que hay que demostrar es la culpabilidad del sospechoso, y no pretender que éste pruebe su inocencia. En el punto de mira habría que poner la actuación del comisario Puedrabuena que ha bailado al son de los niñatos dando palos de ciego… por cierto que lo han relevado del caso de los niños de Córdoba.

  • Pedro Callejas

    Yo sí que creo que el sistema judicial es a veces demasiado permisivo y que incluso puede encorsetar la investigación policial. De todas formas, en este caso, sí es verdad que la dirección de Piedrabuena ha dejado mucho que desear.

    Ah, y gracias por comentar, majete

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